domingo, 3 de agosto de 2008

Ganadora

A fin de romper con un histórico cliche, ese bucle eterno de continuo lupeo que algunos autores le atribuyen a la historia humana, escudo de mujeres de poca autoestima o víctimas de la propia noción del amor en pantalones, me creí lo suficientemente apta para saber que el sexo femenino corre con desventaja.
Una excusa de debilidad impuesta y adoptada con minuciosa inteligencia es teatro de la mujer. La primera vez que hice propio el repertorio fue en la adolescencia.
Mediante una herramienta tan común como el lenguaje pude lograr manipular y salir del debate de un amor infantil, victoriosa. Victoriosa, no ganadora, porque el ganar es un título adjudicado para aquellos qué están convencidos de obtenerlo.

Manipuladora Social

“Manipuladora Social” me había rotulado, mientras se secaba sus lágrimas infantiles pidiendo disculpas, algo atontado por el efecto del lenguaje. Mi presencia, que en aquel entonces me pareció de femenina maternidad, se sumió al consuelo sonriente y sádico. Una simple conjugación de verbos, sustantivos y muchos adjetivos me habían dado el poder de ver doblegado a mi primer novio. Él era la victima de esa casería del mensaje, pero yo le había hecho creer que la única perjudicada era yo, una pobre mujer.
El guión se fue poniendo más interesante. El no tener razón era la regla primaria y aseguradora lúdica de lo que aún considero diversión y años más tarde pude comprender. No era del todo divertido si no podía convencer a mi oponente. Con un simple escrutinio de su discurso, el ajeno, el mio y el imaginado podía saber qué contestar y ver, de ante mano, los pilares de su argumento. Nadie se rinde ante una seguridad rotunda de sus receptores. Nadie cede ante la certeza de una buena frase ni pone en duda la convicción de un orador confiado. Nadie cede ante un buen razonamiento, en definitiva por más que no entendamos lo que el otro está vociferando con aires se superioridad, el poder de la ignorancia se deja apagar lentamente frente a un buen pedazo de razonamiento. El hombre se pierde en la mitad del discurso, sólo la gente inteligente sigue el hilo y sólo los sabios lo ponen a prueba.
Hay saberes universales sobre lo que buscan los hombres y con un poco de observación se dejan caer fácilmente, libres para que cualquier mujer, conciente de su condición, se agache y levante. Hay bases, que por más que una relación con otra sea incomparable se mantienen firmes en algunos círculos sociales, en algunas etapas de la vida, en todo momento. Manipuladora social era el término exacto, fue el suspiro de mi presa, esa última mirada perdida antes de que clavara mis dientes.

Linda mentira

La suerte de ser parte de esa porción social de lo considerado “lindo” y de saber observar, ayudan y son importantes. Aún así considero que lo físico es obsoleto para aquellos que sólo lo usan como accesorio y no como herramienta. Antes de linda preferí siempre que me llamaran inteligente, en definitiva en el mercado de los opuestos siempre hay alguna oferta. La oferta y demanda confluyen en un mercado perfecto, donde todos los vendedores y todos los compradores, tarde o temprano, obtienen lo que quieren: sexo. En cambio ser inteligente es algo que no se vende, que vendedores y compradores quieren por igual y que nadie esta dispuesto a regalar. Es la herramienta primaria para no salir herido, es la herramienta primaria para venderse y sigue siendo la herramienta primaria para aparentar.
Las mujeres entienden muy bien este concepto de lo lindo, y es por este mismo concepto que la mujer es víctima de la propia mujer. Irónicamente somos las mujeres quienes aniquilamos a las de nuestra condición. Las mujeres, a diferencia de los hombres, se fijan, estudian y son creadoras de este concepto. Las mujeres miran a otras mujeres. Miramos como se visten, como caminan, qué comen, que consumen. Nosotras destacamos e inventamos defectos.
Irónicamente decidimos qué deben considerar lindo los hombres. Las mujeres competimos con otras mujeres y con nosotras mismas. Mentir es un recurso utilizado, explotado, perfeccionado y comprobado por la mujer. Pero no me refiero a una mentira a terceros, sino a una mentira cuyo destinatario es nostras mismas. Inseguridad, bendito sentimiento que viene impuesto. ¿Qué sería del marketing y la publicidad sin este concepto?. Estoy segura que nuestro creador, productor de hombres y mujeres, sabía muy bien de todo esto. Poder alcanzar la meta de un propósito como un modelo que necesitamos para poder convivir en paz, es incluso un poco mentiroso. Es verdad, nada satisface a la mujer, son criaturas críticas por naturaleza y gracias a Dios. Sino la moda no existiría y sólo serían lindas las rubias de ojos claros (¿?).
La moda es un buen ejemplo de este mecanismo, desfilar todas iguales en busca de un concepto de “lindo” donde la originalidad y personalidad se ocultan frente a una autenticidad clonada en accesorios, cortes y ropa de colores. Hasta el propio concepto es una mentira. La moda es lo que les venden a las “feas” como consuelo por no ser lindas. Es un molde prefabricado del concepto social de lindo, un disfraz social, para ocultarse de otras mujeres que cazan y envidian a lo sale de este plan. De esta manera todas somos iguales y hay orden en la casa.
La belleza es femenina y la mujer busca eso, por eso las mujeres bellas son envidiadas, lamentablemente abundan las que se consideran lindas por autoimposición, y los hombres compran estos modelos.

Amores perros

El amor termina siendo un juego también. La mujer termina eligiendo y para suerte de los hombres las mujeres buscamos algo más que lo estético, puesto que rige en otros aspectos de nuestras vidas. Es por eso que un hombre inteligente o simpático puede muchas veces ganarle a un hombre lindo. El hombre atractivo puede ser codiciado por otras mujeres, y bueno, ya bastante competencia existe con la propia persona como para traer a un participante más a esta guerra. La dependencia es peligrosa.

Al lector

Apocalíptico. Así lo leo, así lo veo así se juega. Quienes saben jugar se divierte, los que no, sufren un poco pero se adaptan. Victoriosa termino si finalmente he logrado mi cometido. Victoriosa de manipulación, a menos claro, que quieras del hilo hacer cuerda, tirar de mi cuello y finalmente hacerme víctima. Pobre yo mujer.

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