martes, 30 de octubre de 2007

Ysí

Y sí, tú presencia.

Si si…ya sé, y porque sé demasiado es que no puedo rescatarte con ambas manos. Prefiero con una taparme los ojos.

¡Pero basta!
¿Casualidad? Olvidate, hay mucho efecto que desearía que no tuviera causa y vos sos uno ¿cómo detener las palabras?

¿Más clara? La duda inmune se asoma entre mi declaración expuesta ante tu lectura que juzga, no entiende, no quiere creer.

Bendita la imaginación y el aliento de mi fantasía, ese aliento que aspiro que me asfixia que me desvanece.

No, no voy a dejar de hablar. Quiero que lo sepas, quiero que se te haga presente, quiero ser un recuerdo, esa melodía o ese aroma que se te estigma en la mente y te sangra en la percepción, hiriente, hiriente como tu nombre. Quiero que esa sea mi venganza.
Te he dejado suelto, aunque atado a mis sentidos en secretos bocetos de un sin fin de cuentos felices. Pobre mi alma que se alimenta del mismo veneno que la asesina, dulce y lentamente adicta.

Nada, no quiero nada.

¿Tú amiga? Jamás.